martes, 8 de mayo de 2012

Dieciséis añitos...

Siempre hay una manera. Aunque el problema parezca imposible de remediar, y el camino hasta la solución pueda ser árduo y pesado, esta siempre puede ser encontrada si el empeño es el suficiente.

Durante el último día de mis dieciséis años, me he dado cuenta eso, y de que poco a poco voy cumpliendo mis objetivos. La meta aún parece lejana, pero estoy corriendo, a mi ritmo, pero estoy corriendo y eso es lo importante: he podido conseguir esa oportunidad, y me siento afortunada.
Quedan infinitos recorridos que deseo completar, incluso me gustaría marcar uno propio, pero ya estoy en uno, pronto terminaré otro, estoy preparándome para el que venga.

Lo he estado haciendo este último año y no me he dado cuenta, no lo he sabido apreciar, no he sabido pararme a pensar usando la cabeza, para variar.

Y a veces, apetece muchísimo dejar de correr y que te lleven en coche, incluso algunas de esas veces (aunque no debería) dejo que lo hagan, pero enseguida me acuerdo de que he luchado por la oportunidad de poder llegar al final, y bajo.

Seguramente, hubiera invertido mejor el tiempo estudiando Psicología que redactando estas ideas, pero quería dejarlo por aquí, egoístamente, para mi yo de los días malos.

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