sábado, 22 de septiembre de 2012

Agradecida, Destino

Hace apenas una semana que empezó el curso, pero los libros recién etiquetados ya no guardan su olor a embalaje plástico y papel nuevo, las hojas ya se doblegan fácilmente ante la mano que las usa sin piedad y las maltrata con garabatos de carbón en los márgenes. Los apuntes ya se amontonan, esperando ser grabados en folios policromados; e incluso algunos, osan rogar que los memorize, pues entender, no los entiendo todos. La tinta se antepone al esmalte, el estudio a la lectura, los horarios al arte. ¿Cuan difícil me será encontrar algun rato para deleitar mi garganta con un poco de ejercicio o para oxigenar mi mente expresando mis pensamientos en mi queridísimo blog?
Sin embargo, agradecida, destino; sin tu ayuda no habría de discutir significados ocultos en los versos de mis maestros, tampoco leería las enseñanzas de los antiguos savios a pesar de la lejanía de su léxico, ni sentiría una nostálgica exaltación en ver la fotorafía de un cuadro ya observado en vivo de antemano. Sí, agradecida estoy; pero que caprichoso eres, pues tomando mi experiencia por amiga, adivino que bajo mi mirada la piel oscurecerá en tonos insalubres y mi sonrisa matinal se tornará artificial, al mismo tiempo que los días soleados escasearán y los cielos sombríos nos atormentarán el ánimo.

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