sábado, 2 de noviembre de 2013

Felicidad (Crónica del XIX Salón del Manga de Barcelona)

Todos sabemos que hace mucho que no cuelgo nada en el blog. Podría aludir falta de tiempo, sobrecarga laboral, o que simplemente prefiero escribir para mi. Sería mentira. No he subido nada por la sencilla razón de que últimamente no me han pasado demasiadas cosas buenas, y contarlo por aquí sería meter mal rollo al personal y no es plan. (Uix! Me estoy dando cuenta de que al no escribir normalmente en castellano, hago muchas catalanadas. Cosas de filólogos. Sigo:) La cosa es que hoy al despertar, con los pies aun insensibles y las piernas muertas, con la espalda hecha un cromo y la cabeza triplicada, he visto algunas de las compras que hice ayer en la mesa del escritorio, y he sabido que no ha sido un sueño. Que todo lo que sucedió ayer pasó de verdad.

El día empezó de lo lindo. Mi madre, que iba casi sonámbula, chocó contra el murillo que hay al salir del garaje, y se quedó sin intermitente derecho. A ver cómo lo arreglamos, pero ése es otro tema. Esto pasó cuando me llevaba a la estación. Diría que iba customizada pero simplemente cogí ropa de mi armario, yo me visto así, me peino así y me maquillo así. No todos los días, obviamente no me pondré según qué cosas para subir cientos escalones milenarios (mi facultad, no sé si lo conté o algo, está en el barrio antiguo, y si alguna vez habéis venido a Girona, sabréis que es todo cuesta, escaleras y adoquines). Total, lo más "especial" que llevaba ayer fueron unas uñas postizas super-malas del claire's, o como se escriba. Al principio era patético, no podía casi sacar nada de la mochila, o buscar el dinero en el monedero. Una vez se me cayó un euro al suelo y fue horroroso poder cogerlo. Acabé dominándolas, tanto que al quitármelas para irme a dormir, se me hizo raro notar mi uñas de verdad, que son mucho más cortas.

La fiesta otaku empezó nada más subir al tren. Fue increíble. Había overbooking y había muchas gente de pie, y otros muchos sentados en el suelo mismo. Y la gente allí, del palo, empezó la transformación, salieron pelucas y colas y... Espectacular. Me hice amiga de unas chicas que iban a su primer salón. Iban de Taurus (de Fairy Tail), un par de Vocaloid y la otra... iba muy mona pero no tengo ni idea de cual era su cosplay. El viaje se me hizo muy corto. Cuando bajé en Sants fué como una excursión del cole, iba siguiendo la masa. Todos íbamos al mismo sitio. Me hice amiga de un par que iban de Mario Bros, allí, en las estrecheces del metro.

Después llegaron las colas. Pero en mi caso no llegó ni a una hora. Me planté allí a las diez pasadas, y ya estaba dentro a menos cuarto. Creo que vi a Kássel, pero quizás fuera mi imaginación, no sé, ese chico se parecía mucho a él. Entré por la calle Lleida, había menos gente e iban más a la idea. Esa media hora larga, la aproveché para hacerme amiga de las que iban detrás mío, qué monas que eran.

Vale, al entrar... Dí una vuelta por los stands de manga, y se me fueron los ojos directos a un bento. Es muy sencillito, pero era el que me gustó. Más tarde vi otros más bonitos, pero costaban el doble. También compré unos hashi negros con flores azules. El bento es rosa, así que en teoría no pegan, pero como el furoshiki que tengo es de un color vino-ciruela con flores blancas, ya dará el pego. Además, eran los que más me gustaban. Entonces dí un paseo de reconocimiento, o dos, y me fui a buscar el stand de Fanzine Project 81. Me costó menos que el año pasado, aunque la verdad es que hice una vuelta muy tonta.

Estaba terminando de dar la vuelta tonta cuando vi a Subaru. Me decía que era otra alucinación, pero daba igual mis pies se movían solos. Seguro que pisé a alguien porque estaba completamente fuera de juego. Me acerqué y le dije "¿Tu eres Subaru, no?" Qué pregunta más tonta. Pero necesitaba hacerla si no, habría tenido que recurrir al método Arare, y hubiera sido un poco... Pobre chico. Juro que estaba temblando, no sabía dónde estaba, ni qué estaba haciendo, tardé casi una hora en volver en mí. Y él me decía "Respira" pero mis pulmones no reaccionaban para nada. Y encima al lado estaba Anna, la de Mi kawaii blog, para rematarme. Creo que si hubiera coincidido con Audrey, no me habría pasado ni la mitad de lo que me pasó. Y es que encima es muy extraño. Yo cuando conozco gente nueva no soy así, ni mucho menos. Y más en un ambiente como aquél, un otaku tiene simpatía por otro simplemente por serlo. O esa fue la energía que recibí.

Pero creo saber porqué se paró el mundo. Si no hubiera sido por Una mirada hacia Japón y En la habitación de un kodona (actualmente, Subaru's Capsule), ambos de Subaru, jo no hubiera empezado a estudiar japonés, ni hubiera ido nunca al Salón, ni hubiera conocido a toda la gente maravillosa con la que me he encontrado en este mundillo. Todo se habría quedado en la anécdota de que una vez intenté estudiar hiragana por mi cuenta y en que hubo un tiempo en que me gustaron los dramas japoneses, y lo dejé por sentirme un bicho raro. Seguiría siendo una persona gris vestida de negro, incapaz de abrirme a la gente, por no estar segura de quién soy ni lo que me gusta, y por no saber que no tiene nada de malo. La verdad es que la influencia de sus blogs en mi vida fue tan brutal, que podría pasarme el día entero intentando expresarlo con palabras.

Vuelvo al Salón. Cuando recuperé la consciencia, fui a la conferencia del te. Fue alucinante. Nos pasaron te sencha fresquito con dorayaki de te verde. Y algo que me encantó: Matcha latte. Es te verde matcha con leche. También fui a lo de las cuatro, que no me gusto tanto, y el atún de 40 kg fue espectacular.

Hacia la una, con todo lo que había comido, no tenía hambre y mientras todos empezaban a hacer cola, yo me fui a la exposición de One Piece, que me encantó. Me pasé un par de veces por Madame Chocolat pero no vi nada que me gustara del todo. Fue uno de los fails. Me encontré con un par de amigas del instituto, una iba de Misty (¿cuántas Mistys había, no?) y la otra... Ni idea. Me quedé un rato con ellas, pero cuando se fueron a la cola de la comida, las dejé allí. No quería hacer cola si yo traía la mía, que también era japonesa, y que me había preparado el día anterior al punto de volver de clase, a las ocho. Supongo que esa es una de las ventajas de ir sola, que puedes hacer lo que te apetece, sin tener que esperar a que otros hagan cola para comer, o a que se compren la entrada porque no la han podido comprar antes, entre otros problemas varios que me han comentado.

No soy anti-social, es solo que este sistema me funcionó muy bien, porque luego salí del Salón, sí, salí. Quería ver a Alba-chan, una de la clase de japonés, pero estaba tan atrás de la cola que la llamé y le dije la esperaba dentro. Yo tenía que hacer la cola otra vez, pero me encontré con uno de la uni y me acoplé, al cabo de veinte minutos volvía a estar dentro, aunque un poco horrorizada. Ese chico estaba allí con sus amigos, pero no sabía quien es Muttenroshi, ni lo que es Studio Ghibli. Iba a buscar cosas de Star Wars. Bueno, gracias a él pude entrar.

Me fui directa al matsuri. Nunca antes había estado en uno, me pareció una cucada pero no me emocionó especialmente. Gané una chapa y mi suerte es horrible, así que me tocó un boli. Aunque es super-kawaii. Después me fui a hacer cola en el taller de kimono, solo había una pareja y un grupo de cinco. Me senté al lado. Estábamos todos en el suelo porque aún no eran ni las cuatro. Como no, me hice amiga del grupo que tenía delante. Para cuando abrieron, la cola empezaba a hacer eses.

Me atendió una mujer japonesa que decía que el español es muy difícil y se me encendió la bombilla, bueno, en realidad me salió solo. Le respondí en japonés. Y mientras me vestía íbamos hablando. Supongo que por eso le caí bien y se esmeró mucho conmigo. Me pedía que escogiera el kimono y el obi, pero yo preferí que lo escogiera ella, que entiende más. Hubo un momento en que me alarmé un poco porque me estaba atando el obi por delante (que es como lo llevan las prostitutas), pero cuando terminó de hacer el lazo, le dio la vuelta. Todo el conjunto fue muy divertido.



Cuando salí, muy confiada de mi habilidad para hablar en japonés, llegué a la tierra prometida: Otakuland. Había un chico, francés creo, que hablaba castellano, y una chica japonesa vestida con un kimono precioso, que se esforzaba por entender lo que le pedían, pero al no conseguirlo, le pedía al chico francés que atendiera. Como el chico estaba ocupado y yo quería preguntar algo se lo pedí a ella en japonés. Fue increíble darme cuenta de que podía hacerlo. No tenían lo que quería... Pero da igual me llevé un compacto de Mai Kuraki, que tampoco está nada mal. Este año había un par de stands en los que había compactos. Me hizo mucha ilusión, aunque no había nada del todo bueno (excepto Mai Kuraki). Pero significa que se dan cuenta de que hay demanda, así que el año que viene quizá encuentre a Otsuka Ai, por fin. 

Ya voy terminando, no te preocupes, es que hice de todo. Después de todo eso me fui a ver el atún gigante, donde me reuní con Alba-chan. ¡Iba de Kikyo! Dimos dos o tres vueltas más. Porqué ella entró a las cuatro más o menos, y quería verlo todo. Cuando ya no podíamos más, nos fuimos a la exhibición de Aikido, y luego al metro. Al cabo de quince minutos ya estábamos en el primer vagón dirección Girona.

Pero la fiesta otaku aun seguía en marcha. Nos hicimos amigos de una pandilla de Palamós, que dice que nos agregará en el feisbús, y empezamos a poner opennings y endings en japonés y en catalán y a cantar. También hacíamos juegos de adivinanzas con las canciones e incluso un par se puso a bailar para-para. Fue genial. Si es que es lo que he dicho antes: que los otakus no queremos solo por ser otakus. Si es que es verdad, verdad de la buena, que hay gente maravillosa por el mundo, lo único que yo antes no la encontraba.

Veis que la extensión de las entradas y el tiempo de silencio empieza a ser inversamente proporcional. Espero que este mini-resumen, si esto es un resumen, del mejor día de mi vida os haya gustado. Este día traerá cola, sólo aviso.

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